Glaubert




- “Glaubert: ese es mi nombre. Es de origen francés” (me dijo con su acento que no era precisamente francés)

-          ¿y de dónde eres? – Pregunté para intentar comprender la inconsistencia detectada- 

-          Soy cubano

Luego hablamos sobre su estado de su salud pues era evidente que algo no iba bien. En ese momento Glaubert expulsó un monólogo, como quien exhala la respiración luego de varios minutos bajo el agua. Ya era imprescindible volver a inspirar o como en este caso, echar fuera:

-      Estuve hospitalizado, fueron dos o tres años en coma. Cuando desperté, lo había perdido todo, por eso ahora vivo en la calle. Cuando llegué a Chile me fue bien, me dediqué a temas de belleza con mi propio salón, arrendaba un departamento y tenía un auto. Ahora mi auto está en un corral municipal y estoy juntando la "platica" para ir sacarlo. Fue una infección la que me dejó con estas secuelas, por eso ahora no puedo caminar bien.

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Ese día fuimos a comprar comida, algo más contundente que las galletas o la leche que solía pedir fuera del supermercado en el que siempre lo encontraba. Fue el primer día que hablamos un poco más y creo que nos hicimos amigos. Él necesitaba alguien dispuesto a escuchar como iba su vida. Yo por mi parte, necesitaba sentirme una mejor persona, algo de lo que ya me había acostumbrado a rehuir.  Desde ese día cada vez que nos volvimos a ver, hubo un rato para conversar.

Pasaron los meses y su salud estaba cada vez más deteriorada. Nunca me contó bien lo que tenía, pero era evidente que se profundizaba. Ni si quiera las semanas en que estuvo hospitalizado le hicieron parecer mejor. Pero él ahora tenía una esperanza: había hablado con su familia y acordaron que volvería a Cuba. Era una decisión tomada. Solo esperaba estar mejor de salud para poder subir al avión. ¡Ya hasta tenía el dinero para el pasaje!.

La última vez que lo vi fue una interacción breve. Una herida recién estocada al corazón me impidió tener ánimo de hablar y chocar los puños, como solíamos hacerlo. Esa vez le fallé, pues siento que alguien con quien hablar, era lo único que esperaba realmente de mí. No tengo dudas que para él eso era más importante que la caridad con forma de moneda.

“Hasta siempre cubano", fue el mensaje que leí en una publicación en redes sociales de una organización que ayuda a personas en situación de calle. El mensaje estaba acompañado de una foto de Glaubert.

Boca abajo y tirado sobre un charco que se había formado con la lluvia que había caído la noche anterior. Así encontraron su cuerpo en el parque que está frente a la comisaría de la Gran Avenida. Se dice que fue por hipotermia. Solo, lejos de su familia y ya sin el anhelo de una vida mejor, ese anhelo que un día lo motivó viajar al cada vez menos frío sur del mundo. A veces así terminan los sueños.



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